Estos últimos meses han sido turbulentos. Hemos visto cómo las desigualdades de nuestra sociedad han quedado al descubierto con la confluencia de la pandemia de COVID-19, una grave recesión económica, los asesinatos de George Floyd, Ahmaud Arbery y Breonna Taylor, y la respuesta represiva a las protestas mayoritariamente pacíficas que siguieron. Condenamos el racismo y la brutalidad policial, pero decirlo sin más no es suficiente.
Las personas blancas a quienes tradicionalmente han servido las instituciones de nuestro país suelen creer que estas funcionan para todos por igual. Los acontecimientos de estos meses han desmantelado esa ilusión para quienes no lo veían antes. La realidad es que nuestros fallos institucionales han recaído abrumadoramente sobre las comunidades negras y otras comunidades de color, como siempre sucede. La crudeza de estos acontecimientos debería dejarnos claro a todos cuán desigual y racista sigue siendo nuestra sociedad.
La comunidad conservacionista suele ensalzar el carácter democrático, aunque con minúscula, de las tierras públicas. Se trata de áreas que, en teoría, pertenecen a todos. Han sido reservadas para el público y nuestra labor de protección beneficia a todos los residentes.
Sin embargo, las tierras públicas no son un lugar aislado y aparte del resto de la sociedad. No están separadas de las instituciones que las construyeron y que aún las administran. Las mismas instituciones que atacan a los manifestantes, provocan dificultades económicas, permiten enormes desigualdades en materia de salud y asesinan a civiles en las calles, son las que gestionan nuestras tierras públicas.
Lo cierto es que el ideal de las tierras públicas seguirá sin cumplirse, al igual que los ideales democráticos de Estados Unidos, mientras persistan estas realidades e injusticias.
Dado que estos males no conocen fronteras, es responsabilidad de cada uno de nosotros, en los ámbitos en los que trabajamos, afrontar de frente la naturaleza desigual e injusta de nuestras instituciones y nuestra cultura.
En CalWild, reconocimos esto hace algunos años y hemos trabajado para integrar la equidad y la inclusión en nuestro trabajo. En noviembre, después de mucha discusión y trabajo, adoptamos nuestra primera Declaración sobre equidad e inclusión. Luego, en febrero, CalWild lanzó nuestro Programa de Equidad y Resiliencia en Tierras Públicas, Estamos contratando a nuestro primer personal en el Valle Central, comprometido a establecer contactos y colaborar con más comunidades de color. De esta manera, buscamos ampliar el acceso a tierras públicas para estas comunidades y empoderarlas para que expresen sus opiniones y deseos sobre nuestras tierras públicas compartidas.
Sin embargo, es evidente que tardamos en reconocer esta realidad y nuestra respuesta no ha sido suficiente para afrontar el desafío. Es nuestra responsabilidad mejorar, profundizar nuestro compromiso de hacer que las tierras públicas sean accesibles, seguras y acogedoras para todas las personas.
Aunque las tierras públicas no ocupen un lugar central en las protestas actuales, es evidente que el racismo y la desigualdad afectan a todos los ámbitos de nuestra sociedad. Es responsabilidad de CalWild abordar directamente estos problemas en el desarrollo de su labor.
Como miembros de nuestras respectivas comunidades en todo California, nuestra junta directiva y nuestro personal conviven con las desigualdades que la comunidad negra ha enfrentado en particular.
Digámoslo, pues, con nuestra voz colectiva: Os escuchamos. Os vemos. Y lo haremos mejor.
#BlackLivesMatter
-Personal y Junta Directiva de CalWild



